EL ROMANCE DEL PADRE KINO (Parte 16)





El misionero, que tanto tiempo había esperado una oportunidad, supo aprovechar esta situación maravillosa. Pero aquí es donde comienzan los apuros del hombre que se atreve a escribir la historia del padre Kino.

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicación: 2017-11-22 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad



Por Cruz G. Acuña


Y Llegó el Tiempo de la Siega. Magdalena, Tubutama, Etc., Etc.


    El misionero, que tanto tiempo había esperado una oportunidad, supo aprovechar esta situación maravillosa. Pero aquí es donde comienzan los apuros del hombre que se atreve a escribir la historia del padre Kino. Trabajó tanto y fue su actividad tan constante y eficaz, tan rápida y variada, que es muy difícil seguirlo en su camino. Parece que se encontraba en varios lugares y en muchos negocios a la vez. No sabe uno por donde comenzar. Además, se necesitaría un libro muy voluminoso para detallar todo lo que hizo. Nos contentamos aquí con hacer un resumen de sus primeros diez años de labor.

    Al ver que de dondequiera lo llamaban y lo querían, Kino trabajó sin descanso; visitó las rancherías en largas y fatigosas cabalgatas; llevó semillas, ganado, árboles, y escuadras de trabajadores ya especializados como albañiles, carpinteros, herreros, pintores, vaqueros, maestros, etc. etc.. En todas partes trató de repetir el esfuerzo y el milagro de Dolores.

    En sus primeros diez años de trabajo estableció misiones y organizó pueblos en los cuatro ríos. En el de Magdalena: San Ignacio, Imuris, Cocóspera, Magdalena, Santa Marta y el Tupo. En el de Altar: Tubutama, Oquitoa, Santa Teresa, Sáric, Tucubavia y Caborca. En el río de Santa Cruz: San Lázaro, Santa Cruz, Bacoancos y Güébavi (como quien dice Nogales), Tumacácori y San Javier del Bac, ya cerca de Tucson. En el río San Pedro, al menos: Quíburi, Los Reyes y Santa Cruz, cerca de Huachuca.

    Es cierto que no todas estas misiones eran de la misma categoría; pero cada una contaba al menos con una casa para el misionero; capilla, milpas y huerta. Hubiera hecho mucho más; pero le faltaban misioneros que le ayudaran y que atendieran a los neófitos.

    Pidió ayudantes y le enviaron algunos; mas por diversas razones éstos no duraron mucho. Un año después de Kino, llegó el padre Adamo Gilg, un alemán de muy buen temple. Era el compañero que Kino estuvo esperando en México. Pero venía asignado a los seris, y no a los pimas, El padre Kino hubiera querido tenerlo consigo; pero había sido él mismo quien tanto había luchado en México para conseguir un misionero para aquellos indios tan gentiles de la bahía Kunkak.

    Al ver que el padre Gilg se instalaba entre los seris, su corazón sintió que había cumplido con ellos. Si los seris quedaron como están ahora, la culpa fue de otros; y esa es una historia muy triste que aquí no queremos recordar.

    Al leer la extensa lista de misiones fundadas por Kino, alguien pudiera imaginarse que todo aquello era muy fácil. Pero los que han seguido con atención este relato pensarán de manera diferente. Nada fácil era, ni es, fundar un pueblo. Cada una de esas fundaciones y de otras muchas que vinieron después, tienen su propia historia: historia de exploraciones, tanteos, trabajos y hasta intrigas; historia de triunfos y fracasos, sonrisas y lágrimas. En las siguientes páginas tendrá el lector, por lo menos un ejemplo.

Continuará....


....

EL ROMANCE DEL PADRE KINO

CAPÍTULO ANTERIOR:

http://www.contactox.net/vernoticias.php?artid=21632&cat=235


CAPÍTULO SIGUIENTE:

http://www.contactox.net/vernoticias.php?artid=21680&cat=235


Hashtag en donde encontrará todos los capítulos publicados de este libro:

FACEBOOK:

https://www.facebook.com/search/top/?q=%23elromancedelpadrekino


TWITTER:

https://twitter.com/search?q=%23ELROMANCEDELPADREKINO&src=typd

Comentarios de nuestros lectores:



Envía tus comentarios