REELECCIÓN, PSEUDO RELIGIOSIDAD Y MAGNICIDIO





Ya sin oposición, en las elecciones de julio de 1928 resultó triunfante Obregón; en todo ese tiempo se habían llevado a cabo varias reuniones secretas para lograr la paz, con los obispos en el exilio y sus representantes, pero sin resultados concretos.

Por Héctor Rodríguez Espinoza
Fecha de publicación: 2017-07-21 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad



Héctor Rodríguez Espinoza

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ÁLVARO OBREGÓN

         Ya sin oposición, en las elecciones de julio de 1928 resultó triunfante Obregón; en todo ese tiempo se habían llevado a cabo varias reuniones secretas para lograr la paz, con los obispos en el exilio y sus representantes, pero sin resultados concretos. Para festejarlo, se ofreció un banquete en el restaurante La Bombilla, en el pueblo de San Ángel en la ciudad de México el 17 de julio. Acudió, haciéndose pasar por caricaturista, José de León Toral, de 27 años, miembro de la ACJM y de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, quien creía tener la misión divina de eliminar al tirano y restaurar el reinado de Cristo. Toral se aproximó al homenajeado y mientras con una mano le mostraba el retrato que le había hecho, con la otra le descargaba su pistola en la cabeza. El asesinato ha sido objeto de varias conjeturas hasta la fecha sin conclusión: Toral dijo que obró solo, pero hay quienes atribuyen la autoría intelectual de Calles y Morones por el distanciamiento del presidente electo con la CROM.
 
Alvaro_Obregon_Banquete_Bombilla

CASOS FAMOSOS

         Dos casos de Jurado Popular son famosos en México: el de José de León Toral y de Concepción Acevedo de la Llata, la Madre Conchita, en 1928, juicio histórico público, oral y con jurados, durante la Guerra Cristera, una de las más sangrientas de la Historia de México, durante la cual -tres años- murieron cerca de 50, 000 mexicanos.

El segundo fue el de María Teresa Landa, "La viuda negra”, en 1929, último en el país, que divulgaré más adelante.

LEÓN TORAL Y MADRE CONCHITA, 1928

En México, los juicios penales carecen del dramatismo que tienen en otras naciones, donde son públicos y orales. Aquí resuelven un juez o tribunal colegiado y no un jurado que escucha pruebas y argumentos de las partes. Los juicios son opacos, burocráticos, sin espectacularidad, despiertan poco interés y no inspiran películas o programas de TV.

         La reforma constitucional penal de 2008 crea el sistema acusatorio y oral, pero sin Jurado popular, que ayudaría al Estado "a ganar la guerra al crimen organizado”.

LA MADRE CONCHITA

Durante el interrogatorio resultó implicada la monja Concepción Acevedo de la Llata, la "Madre Conchita”, en cuya casa se efectuaron varios movimientos y reuniones de la Liga.

Se le recuerda de tipo distinguido, alta, esbelta, de facciones agradables, desde los 17 años se dedicó a la vida religiosa, ingresó a los 19 a la Orden de las Capuchinas Sacramentarias. A partir de 1924 fue superiora del convento de las "Hijas de María”. Durante la persecución religiosa, ella y sus subordinadas tenían que cambiar frecuentemente de domicilio en virtud de haber sido denunciadas por ser religiosas y vivir en comunidad.

         Conoció en marzo de 1928 a Toral, quien acudía a la casa del Chopo 133, al igual que muchas otras personas a oír misa, comulgar, etc.

         En ocasiones tuvo pláticas con José de León sobre cuestiones religiosas. En una él relató que comentaron que para solucionar las cuestiones religiosas debían morir los generales Calles, Obregón y  el Patriarca Pérez, de la iglesia cismática. Ella dijo no recordar dicha plática ya que trataba por igual con muchas personas sobre los más diversos temas. Esta plática fue utilizada como "prueba" para ser acusada como instigadora y autora intelectual del asesinato.

         El 18 de julio de 1928 fue aprehendida, interrogada y, a base de tortura –se dice-, intentaron hacerla confesar, siendo inútil, y ya con la salud muy quebrantada debido a los continuos maltratos.

CASO TORAL

         El proceso fue iniciado el 2 de noviembre de 1928, en contra de Toral (Matehuala, S.L.P. 1900-1928), joven católico de la Liga de Defensa de Religión y la madre Concepción Acevedo de la Llata, "Madre Conchita” (Querétaro 1891-DF 1979). Se dice que estuvo plagado de anomalías, incluyendo un intento de linchamiento de ella por seguidores de Obregón, resultando con una pierna fracturada y lesiones graves en la columna.

EN EL TRIBUNAL

Juicio por Jurado popular de extracción Moronista (fragmentos)

Toral.- Humberto Pro fue mi compañero desde 1920; fue él el que se quedó en mi empleo desde que yo salí; él era capitán de un equipo y yo era capitán de otro. Esos dos equipos se unieron, porque faltaban elementos a ambos, y él me dejó a mí el lugar de capitán, y quedó él de subcapitán… Yo fui a la casa el mismo día que lo llevaron ya muerto; estuve mucho rato viendo el cadáver de Humberto… (El asesinato de Obregón) yo lo considero exclusivamente como un fruto de su muerte.

Toral.- Llegué alguna vez a imaginarme esto: que si estuviéramos en otro mundo, o si la otra vida fuera, como por ejemplo, Europa, y le pudiera ir a decir amigablemente al señor Obregón: "Mira, las cosas no se arreglan aquí, sino dejando de estar usted. Vámonos a Europa, yo me comprometo a acompañarlo; allí tengo un amigo que nos dará todo lo necesario, que nos tendrá en un palacio, en fin, el único sacrificio para usted es dejar a México y su esposa y no volver a saber de ellos, pero allá vamos a estar muy bien; yo me ofrezco a acompañarlo para que no esté solo, para que ni siquiera el viaje lo haga solo”.

Toral.- De manera que yo le pedía a Dios esto: "Que se salve; muévele el corazón… que uno de mis balazos le toque en el corazón, y que ésta sea la señal de que se ha arrepentido, de que Tú le has tocado y le has perdonado”.

Cuando supe que dos de mis balazos le dieron en el corazón, fue una impresión la que tuve hermosísima…

Toral.- Se estaban disparando todavía tiros cuando oí, "No lo maten, no lo maten”.

Toral.- Yo andaba en esas actividades, a eso me dedicaba todo el día; de manera que no era difícil que cualquier día me cogieran, me mandaran a las Islas Marías o me mataran. Eso le decía a la madre Conchita y no se imaginaba otra cosa de mí.

Toral.- En la mañana de ese día, acabaron de apresar a mi papá: mi mismo padre me lo criticó. Estuvo llorando allí y me dijo: "Pero ¿qué es esto? ¿qué sucedió?” y después, comentando ya con otra persona, decía: "No puede haber obrado solo, alguien lo indujo, dilo todo, ¿qué ganas con ocultarlo?”

SODI SIEMBRA LA SOSPECHA

Sodi: Una última pregunta. Usted declaró ayer que el primer disparo al señor Obregón lo había hecho de esta forma. Siéntese usted, porque quiero reconstruir el hecho. Hágame usted el favor de sentarse. (El acusado se sienta). Usted declaró que llegó usted cerca del señor Obregón; que le enseñó usted por el lado derecho…

Toral: Sí señor; y con la derecha.

Sodi: Con la derecha. ¿Así se lo enseñó usted?

Toral: Sí, Señor.

Sodi: El señor Obregón había sido mutilado en una batalla memorable, en Celaya; le faltaba, por lo mismo, el brazo derecho.

Toral: Sí señor.

Sodi: ¿De manera que usted se acercó al general Obregón del lado que estaba mutilado?

Toral: Sí, señor.

Sodi: Por eso el señor Procurador insistía en decir que la ventaja de usted era inmensa, recalcando ese hecho en que el señor Obregón era un mutilado glorioso y que tenía un brazo de menos. Bueno, le enseña usted entonces el dibujo que había usted formado. Dijo usted ayer que violentamente se pasó el dibujo de la mano derecha a la izquierda.

Toral: Sí señor.

Sodi: Entonces, mete usted la mano a la pistola, dispara usted al señor Obregón a la cara…

Toral: Sí, señor.

Sodi: ¿Cómo es entonces -punto que tenemos que aclarar- que el proyectil entró del lado contrario y salió por aquí? Porque usted, si disparó en esta forma, debió haberlo herido en la mejilla derecha, ¿no es así? O en el cuello o en la parte derecha; y aparece herido por este lado y el proyectil por aquí. ¿Está usted seguro de que usted disparó en esa forma?

Toral: Sí, señor.

Sodi: ¿Completamente seguro?

Toral: Sí, él volteó a ver…

Sodi: Como éste es un punto de importancia, porque se refiere no sólo a la forma en que se cometió el delito, quiero averiguar una cosa. No conozco el proceso, señor Juez, porque a usted le consta que no he intervenido en él en forma alguna. Deseo saber lo siguiente: ¿Hay dictamen de peritos balistas?

Juez: Que la Secretaría informe.

Secretario: No.

Sodi: …En un homicidio de comisaría se nombran peritos balistas, y cuando se mata a un hombre notable, cuando se mata a un Presidente electo, es extraño que no aparezca dictamen de peritos balistas, cuando era absolutamente necesario. Quede constante, pues, que este proceso es profundamente deficiente, y la deficiencia, especialmente, se le debe atribuir a quien ejercita la acción pública, al señor Procurador de Justicia (murmullos).

Procurador: Si los peritos no promovieron el dictamen de los peritos balistas fue porque ellos no lo consideraron necesario, aparte de que la Procuraduría tampoco lo consideró necesario, ya que no hay ningún dato, ningún detalle que pueda venirnos a cambiar las declaraciones de Toral... Ya acaba de decir Toral que no se dispararon más (proyectiles) que los que él mismo disparó.

Sodi: Este proceso, como dijeran los romanos, es "una carga de siete camellos…” y entre la venganza del que persigue y la caridad del que defiende, no hay más que el juicio de la conciencia… El señor Presidente de los Debates fue a dar fe del cadáver. … juez instructor de la causa, lo hizo con mucha acuciosidad y con mucho cuidado. Dijo hasta lo que olvidaron los médicos, esto es, que era manco el señor Obregón. Los señores médicos no vieron que era manco, y el señor Juez sí lo dijo, con el acta descriptiva de fe del cadáver. Y todavía más: el señor Juez dice –allí está el dictamen- heridas de seis, siete y ocho milímetros. Luego entonces, si todas las heridas no eran del mismo calibre, se imponía el nombramiento de peritos balistas para que dijeran cómo el cadáver del señor Obregón tenían los proyectiles de entrada, de seis, siete y ocho milímetros.

Procurador: Soy enemigo de los incidentes en los que se pierde tiempo, como es éste… El Lic. Sodi quiere lanzar, malévolamente, no retiro la palabra, señor defensor, la tesis de que el señor general Obregón no fue muerto a manos de León Toral.

Sodi: No dice eso la defensa.

Procurador: No crea el señor Lic. Sodi que ignoro, como no ignora nadie de los que están aquí presentes, las muchas y malévolas, perfectamente canallescas, versiones que se hicieron acerca de la muerte del señor general Obregón, y por eso estamos aquí, para decir la verdad, pero no para repetir esas canallescas imputaciones que se han hecho. (Aplausos)

Presidente: Se suspende la audiencia para continuarla mañana, a las nueve de la mañana.


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