FRANCISCO I. MADERO SU LIBRO Y LA REVOLUCIÓN

Ratio:  / 2
MaloBueno 
Sample Image

AUDIO: Dvorak- 4th. Mov. de la 9na. Sinfonía (Del Nuevo Mundo)

Su vida de no muchos años y su libro de pocas páginas,

constituyen sólido pilar del ideal de la educación y

de la cultura por la democracia en el México del siglo XX y de siempre.

         "Que ningún ciudadano se imponga y se perpetue en el ejercicio del poder, y ésta será la última revolución", escribió Porfirio Díaz en el Plan de la Noria 1871, consumada la segunda independencia. Pero en 1877, al hacerse del poder, de escasa ilustración, carente de ideas geniales, resultó un pigmeo advenedizo al lado del grupo gobernante más talentoso, experimentado y patriota que la nación había tenido: Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias, Matías Romero, entre otros. Con odio contra éstos, sin visión de la vida y problemas del país, se dio la fórmula: "cero política, mucha administración", porque el país ansiaba la paz y mejorar su condición económica.

         A cambio de acciones en comunicaciones, banca y economía, la desigual repartición de la nueva riqueza fue marcada, fracasando el modelo anglosajón que se quiso imitar, la base de la pirámide social era anchísima y de escasa altura, sin movilidad entre las capas, que impedía el escurrimiento de la lluvia fecundadora de que hablaban los científicos.

         Díaz se impuso y perpetuó él mismo. Por eso, hubo otra revolución.

         Contra ese régimen surgió Francisco I. Madero, "blanco, chaparro, de barba, nervioso y simpaticón", según la prensa de la época. Se lanzó a la aventura de exigir la libertad política a un "Don Porfirio". Con amor a la verdad y pasión por la libertad empuñó el arma de un libro, en el que dejó oír "el lenguaje de la patria".

Sample Image
 
 Don Francisco I. Madero
 

         Al escribir, en 1908, La sucesión presidencial en 1910, reaccionó ante el "indiferentismo criminal, hijo de la época"; repasó las gestas libertarias del pueblo; examinó el curso que la República había caído en una dictadura; enjuició "sin odio personal", pero con dureza, al régimen; se conmovió por las represiones de Río Blanco y Cananea; propuso al pueblo organizarse en partidos y proclamó el Sufragio Efectivo y la No Reelección.

         No quería "más revoluciones", pero sabía que "cuando la libertad peligra; cuando las instituciones están amenazadas; cuando se nos arrebata la herencia de nuestros padres y cuya conquista les costó sangre, no es el momento de andar con temores ruines, con miedo envilecedor, hay que arrojarse a la lucha resueltamente, sin contar el número ni apreciar la fuerza del enemigo".

         Dirigido a un pueblo, era un libro -como quería Vasconcelos- para leerse de pie. (Ironía dialéctica: despertó una nación rural con un 84% de analfabetismo). Se reflejó valiente, terco, soñador y generoso. (Esa bondad, modestia y buena fe empañarían su visión política, clara y precisa).

Sample Image

         Más que el historiador que juzga con la frialdad de la distancia, se describió como "el pensador que ha descubierto el precipicio hacia donde va la patria y que se dirige a sus conciudadanos para anunciarles el peligro...". Hizo suyo el apotegma de Peule: "En los atentados contra los pueblos, hay dos culpables: el que usurpa y los que abdican".

         La urgencia de la República era la pérdida de la dignidad cívica. Al examinar el pulso de su historia, concluyó que la causa del absolutismo porfirista era "la plaga del militarismo", ambiciosos, "insubordinados sin conciencia, que han abrazado la noble carrera de las armas, no con el fin de defender su patria, sino con el de arruinarla, satisfacer sus pasiones"; ejemplificó con Santa Ana y presintió a Victoriano Huerta.

         Escudriñó los hechos y dedujo que el pueblo estaba apto para la democracia, todavía como "el único medio para que la República no recurra a las armas", sin que fuera obstáculo su analfabetismo, como no lo fue -escribió- en la antigua Grecia; en la Francia del 92; en el Japón; y en México en 1857 y los recientes movimientos de Nuevo León, Yucatán y Coahuila.

         Díaz jamás imaginó que de un pueblo iletrado surgiría un libro capaz de enjuiciarlo con rigor histórico y encender la mecha que incendió al país en apenas un año.

         En 1910, Madero figuró como candidato presidencial, pero estuvo preso el día de las elecciones, movió su brújula política, sintió en carne propia que era la fuerza el único remedio para combatir. En septiembre, los fastuosos festejos del centenario de la Independencia ahogaron la voz popular. En octubre, desde Texas, proclamó el Plan de San Luis, la orden de fuego. Contactó a Aquiles Serdán. Se suceden los levantamientos en Tlaxcala, Yucatán, Sinaloa y Puebla. La provincia, siempre la provincia definiendo el rumbo de la nación, con algo más que un instinto.

         En 1911 entra al país y surgen Villa, Zapata, González, Castro, Orozco, Mora. En abril, Díaz pide al Congreso aprobar la no reelección. Primera partida ganada.

         El tránsito entre la ideología y el martirio de Madero se envilece con la función del traidor Huerta y del embajador norteamericano Henry Lane Wilson, "uno de los capítulos más sombríos de la historia de la democracia en América".

 Sample Image

         La Decena Trágicaun grupo se sublevó en armas contra Madero- duró poco más de diez días. Un 22 de febrero de 1913, a las 22:00 hrs. -otra noche triste- son abatidos Madero y Pino Suárez.

         Su gesta constituye un sólido pilar del ideal de la educación y de la cultura por la democracia en el México del siglo XX y de siempre.

Corrido del cuartelazo felicista (Decena Trágica)

Oigan nobles ciudadanos,

prestadme vuestra atención,

voy a cantar un corrido

de la actual Revolución.

 

Reyes y don Féliz Díaz

echaron muy bien su trazo

y para vengar rencores

idearon un cuartelazo.

 

Señores, tengan presente

que el día nueve de febrero

Mondragón y Félix Díaz

Se alzaron contra Madero [...]

 

Terminaron los combates

el dieciocho de febrero,

quedando allí prisioneros

Pino Suárez y Madero.

 

Muchos soldados ya muertos

en Palacio y Ciudadela,

fueron sus restos quemados

en los campos de Balbuena [...]

Huerta por sus partidarios

se hizo solo Presidente,

luego que subió al poder

a Madero dio la muerte [...]

 

 ….

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Comentarios   

 
0 #1 carlo trejo 18-02-2014 17:23
:-| no le etedi solo queria saber como se llama su libro
Citar | Reportar al moderador