VASCONCELOS, CARNE ASADA Y BARBARIE

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         Se confundió el voluntarioso Arq. Enrique Flores López, Presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, al citar a José Vasconcelos (1882-1959) al inaugurar el XXII Simposio de Historia de Sonora, e incompleta su referencia a la obra cultural del Gobernador Samuel Ocaña. Por eso viene al caso esta colaboración.

José Vasconcelos

         Nació en Oaxaca, de niño vivió en Sonora, Coahuila y Campeche, por desempeñar su padre cargo aduanal. Estudió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, se consagró a la Filosofía y Literatura y se recibió de abogado en 1907. Fundó El Ateneo de la Juventud en 1909, con intelectuales y se afilió al Maderismo.

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 José Vasconcelos
 

         Al triunfo de la rebelión aguapretense de 1909, el presidente De la Huerta lo nombró Rector de la UNAM, 1920-21. En 1921 el Gobierno restableció la Secretaría de Educación Pública y Obregón lo nombró su Ministro, 1921-24.

         Por diferencias con el régimen se alejó del país, regresó en 1928 y al año siguiente lanzó su candidatura para la Presidencia. Persuadido de haber ganado, volvió a exiliarse y regresó hasta 1940.

         Su vasta obra comprende medio centenar de libros sobre Derecho, Filosofía, Historia de México, Metafísica, Etica y Sociología.

         "Donde termina el guiso y empieza a comerse la carne asada, comienza la barbarie".

         En 1925, Vasconcelos, en colaboración para "El Universal", reproducida en La Tormenta, se refirió a la alimentación en ciertas regiones del norte, como frontera de la civilización. La versión es recurrente, incluso en publicaciones científicas. Es justo citarlo, textual y contextualmente. La reflexión le fue inspirada en el descanso de una travesía de Querétaro a Guanajuato, con un grupo de amigos, cuando entraron una tarde a una ranchería del valle de Tolimán, se hospedaron y les sirvieron alimentos:

         "Nos echamos otra vez al camino. En tramos una tarde al Valle de Tolimán, todo verde con cebada tierna. A la orilla de la senda las casas de los rancheros son de mampostería, espaciosas y sólidas... Tolimán, bello nombre y panorama riente: Allí nos hospedó la maestra: mató pollos y los sirvió guisados en buena salsa. Nos sentimos en tierra civilizada. Donde termina el guiso y empieza a comerse la carne asada, comienza la barbarie".

         Esta es la frase que escribió y sobre la que se ha hilado una red nacional de interpretaciones y mitos.

Quince años después, en Querobabi

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 José Vasconcelos
 

         Como anécdota, es interesante el relato que sobre esa expresión hizo Vasconcelos años después, según carta que envió su yerno Hermino Ahumada, a Marte R. Gómez, el 4 de agosto de 1960, en respuesta a una solicitud de éste de localizar "la cita de la acusación, hasta cierto punto con razón, de que éramos vulgares comedores de carne asada", para un trabajo sobre Gastronomía Tamaulipeca. Aparece en las Memorias y Epistolario de Marte R. Gómez es:

         "Por los años 1937-1938 actué como Magistrado en el Supremo Tribunal de Justicia, siendo Gobernador el General Yocupicio. El profesor y general Jesús María Suárez, diputado local, con quien cultivamos relaciones políticas y amistosas desde 1929, nos invitó al rancho de él y de su familia, en Querobabi. Conocimos al padre de Jesús María, quien llevaba el mismo nombre, un viejo ranchero chapeado a la antigua, de gran rectitud, honorabilidad y dotado de gran agudeza e inteligencia naturales. Para honrar la presencia del maestro Vasconcelos, ordenó se matara una preciosa y gorda vaquilla, para que disfrutaran, el maestro y sus acompañantes, de la magnífica y famosa carne asada sonorense. Al lado de la vaquilla destazada se hizo, a la costumbre, una hoguera que se convirtió en brasas, se empezó a asar la carne cortada directamente del animal. El maestro Vasconcelos, como todos nosotros, empezó a saborear la deliciosa vianda con fruición y placer; comía y comía y nunca dijo que no a cada ofrecimiento. Todos nos pudimos dar cuenta de que el viejo ranchero don Jesús María contemplaba con gran sonrisa irónica, pero al mismo tiempo con un gesto de entusiasmo y de placer, cómo el filósofo y escritor tan leído por aquellos rumbos, principalmente en sus famosas Memorias, devoraba la carne al igual que todos los demás vulgares mortales que lo rodeábamos. Y el viejo ranchero, sin poderse contener más y a pesar del respeto y admiración que le tenía, de quien había sido decidido partidario en la campaña política de 1929, ante familiares y amigos que rodeábamos al maestro y compartíamos la amable tarea de saborear la sabrosísima carne asada, le espetó:

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 José Vasconcelos
 

         -Maestro ¿no nos dice usted en su libro que somos unos bárbaros porque comemos carne asada? No veo que le haya hecho usted asco, y antes creo que le ha gustado a usted mucho, pues ha comido usted igual que nosotros'.

         Aquella ocurrencia del viejo ranchero fue acogida por nosotros con una sonora carcajada, en verdad fue iniciada por el mismo Vasconcelos, celebró la ocurrencia y, como de costumbre, cuando se hacía alusión a alguna afirmación de él, le dijo:

         -No tome usted a pecho lo que yo escribo, pues jamás lo vuelvo a leer ni a acordarme de lo que dije, y sobre todo, la carne está muy buena, así es que no haga usted caso de eso de la barbarie y esas tonterías y de todas maneras celebro la lección que me ha dado.

         "Permanecimos tres días con aquellos encantadores amigos rancheros y durante esos tres días, como es natural, no se comió más que carne en las tres comidas del día, y nunca vi comer con más deleite al maestro Vasconcelos, quien al comentar conmigo la cantidad de carne que había comido me dijo:

         -Herminio, la verdad es que yo había comido la carne en el norte más que asada y en la forma de machaca, pero estos guisos que ha hecho la señora de don Jesús María son deliciosos y pueden con el más refinado guiso europeo.

         Espero, mi querido amigo don Marte, que estos datos le sirvan a usted para su futura obra sobre la gastronomía tamaulipeca, por ser una anécdota ¡absolutamente verídica!, y en cierto modo la reivindicación de nuestra cocina norteña, y además, la rectificación, no sólo de palabra sino de hecho, que hizo el maestro Vasconcelos, de su opinión a priori acerca de nuestra barbarie alimenticia norteña. Están como testigos Jesús Suárez hijo (el gran viejo ya murió, don Jesús María), el Licenciado Gilberto Suárez, hermano de Jesús María, los licenciados Andrés y Alfonso Pedrero y el Licenciado Salvador Azuela, que había ido a pasar vacaciones con nosotros a Hermosillo, invitados a aquel convite norteño".

Obra cultural del Gobernador Ocaña

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 Gob. Ocaña 

         El Colegio de Sonora, Radio Sonora, Telemax, Edificio del Colegio de Notarios, El Cuartel del 14, Museo Costumbrista de Álamos, Museo de Sonora (antigua Penitenciaría), Coordinación General (hoy Instituto) de Cultura y Casa de la Cultura, Biblioteca Central, Historia General de Sonora y 60 publicaciones, Sociedad Sonorense de Historia, Festival Dr. Ortiz Tirado de Álamos, Banda de Música del Estado y discos de música sonorense y Recorrido de los Símbolos Patrios y Murales de Palacio de gobierno.

         Pero la más importante: su modestia.     

www.hectorrodriguezespinoza.com

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