FRANCISCO VILLA EN SAN PEDRO DE LA CUEVA

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        Los días 1ro. y 2 de diciembre de 1915, los habitantes de San Pedro de la Cueva sufrieron en carne propia la cruenta lucha de la Revolución Mexicana de principios del siglo XX.

         Para sus vecinos, fue un triste e imborrable episodio que al paso del tiempo persiste en la memoria de las nuevas generaciones del poblado, ubicado al margen del río Moctezuma, a 168 kilómetros de Hermosillo.

         Aquel movimiento social que emergía con fuerza por distintos puntos del país, a los buenos vecinos de San Pedro de la Cueva, no les era ajeno:

          Recibían noticias de los primeros brotes rebeldes contra la dictadura de Porfirio Díaz, enterándose de la lucha encarnada por los hermanos Flores Magón, las huelgas de Cananea y Río Blanco, la defensa heroica y muerte de Aquiles Serdán en Puebla, y poco más tarde el levantamiento armado y antirreleccionista de Francisco I. Madero apoyado por Francisco Villa y Pascual Orozco en el norte del país, mientras que en el sur, emergía la figura de Emiliano Zapata, con su universal bandera de “Tierra y Libertad”.

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 SAN PEDRO DE LA CUEVA  

 “Los Colorados”

         Al igual que en otras localidades, tras estallar la Revolución en 1910, los habitantes de San Pedro de la Cueva comenzaron a ser molestados por combatientes maderistas y orozquistas, conocidos como “Los Colorados”, quienes les exigían sin remuneración alguna, comida y vivienda, lo que les obligó a formar un pequeño contingente de 50 hombres con armamento muy antiguo, tratando de defender su pueblo y pertenencias.

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          Aquel 1915, el gobernador militar de Sonora, José María Maytorena, veía cómo Plutarco Elías Calles desde Agua Prieta respaldaba cada vez el binomio Carranza-Obregón.

         La ruptura entre Carranza-Obregón y Villa, provocó que continuara la lucha armada y sobre los ébanos de Celaya, el Centauro del Norte perdería su aureola de general invicto de la Revolución.

         La artillería de Felipe Ángeles había desecho el brazo derecho del general Álvaro Obregón, pero más villistas habían muerto al fragor de la batalla. Los vagones de los “Dorados” enfilaron el retorno, en derrota, hacia Chihuahua y junto a Villa, su controvertido brazo derecho, Rodolfo Fierro.

         El principal brazo armado de la Revolución tomaba otro cariz; de gran Jefe de la División del Norte, adquiría el título de proscrito, fuera de la ley de Carranza.

         Su estrella declinaba.

         San Pedro de la Cueva, estaba a la expectativa, como Calles al frente de su tropa en Agua Prieta acompañado de un joven teniente coronel de nombre Lázaro Cárdenas y J. Cruz Galvez, entre otros.

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 Templo San Pedro Apóstol, en San Pedro de la Cueva
 

          Villa, sin embargo, no detuvo su ímpetu revolucionario.

Pensó dominar Sonora

         Miró hacia Sonora donde junto con su aliado Maytorena tenía la oportunidad de controlar el norte del país como en el sur ya lo hacía Zapata.

         Así, con ese anhelo, subió a la sierra Tarahumara, enfrentando el crudo invierno, a la adversidad y un futuro incierto.

         Calles lo esperaba pacientemente con refuerzos; logró sorprenderlo y derrotarlo, por lo que Villa enfiló su tropa y artillería para tomar Naco, Sonora y se dirigió hacia su objetivo: Hermosillo.

         Empero, Ángel Flores y Manuel M. Diéguez, le infringieron otro descalabro militar en El Alamito y los linderos de Hermosillo, por lo que tomó retirada hacia La Colorada, donde dolido por no tomar la capital de Sonora, cometió destrozos a la mina de oro, propiedad de inversionistas norteamericanos, quienes optaron por abandonar el lugar.

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 Ubicación geográfica de San Pedro de la Cueva
 

          En Tecoripa, Villa inutilizó la mayor parte de sus cañones y siguió por Mazatán y el puerto de Mátape... y allá abajo, en los linderos del río Moctezuma, afluente del Yaqui, se divisaba a Batuc y San Pedro de la Cueva.

         Maytorena ya se había ido al exilio a Los Angeles para nunca más volver. Fierro, antes del ataque a Agua Prieta, por el peso de las alforjas cargadas por su corcel, había quedado atrapado en una turbulenta corriente de un río de la Sierra Madre Occidental. Tomás Urbina, también ya había muerto, precisamente a manos de Fierro en un rancho de Durango, después de que abandonó a Villa luego de la derrota de Celaya.

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 San Pedro de la Cueva
 

 El retorno a Chihuahua

         Todo quedaba atrás para Villa en aquel noviembre de 1915 aun cuando le acompañaban casi cinco mil hombres, desesperados y hambrientos, en su angustioso retorno a Chihuahua.

         La vía más corta era la que cruzaba los poblados de las márgenes del río Moctezuma. Una parte de las tropas y el propio Villa se fueron por la ruta de La Herradura, mientras la artillería, por el camino Real, con quienes iba su sobrino, Margarito Orozco, coronel y jefe de esa sección y quien fue el primero en tener contacto con miembros del batallón de San Pedro.

 

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         El encuentro, fue cortante y frío. ¿Quién vive? preguntaron los callistas. “Gente de mi general Villa; no hagan ruido, vamos de paso”, contestaron. Pero... Rosendo Noriega tocó clarín de guerra.

         Desde el cerrito del Cajete, emboscaron a los villistas, matando al sobrino de Villa, quien estaba al frente del contingente en un blanco corcel.

         Sin embargo, por su superioridad, los hicieron huir hacia la sierra cercana, no así a Margarito Noriega quien con un balazo en su rodilla que le destrozó un hueso, cayó al suelo y ahí siguió peleando hasta que murió por la pérdida de sangre.

Los fusilamientos

         Villa, ignorante de tales hechos, en medio de un convivio con los vecinos de Batuc y quienes le habían organizado una comida en su honor, recibió la noticia de los sucedido por lo que con una escolta se trasladó de inmediato a San Pedro, ordenando se capturara y fusilara a todos los mayores de 16 años, sin tomar en cuenta que, quienes había recibido con fuego a su artillería, se encontraban escondidos en la sierra de enfrente.

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 Monumento a los mártires del 2 de diciembre de 1915

Padre Andrés Avelino Flores

 

          Las tropas registraron casa por casa, sacando a todos los hombres que ahí localizaban angustiados ante el temor de la muerte y trasladaron a más de 300 frente al templo San Pedro Apóstol. Algunos, lograron escapar vestidos de mujer, luego de permanecer escondidos en sótanos y graneros.

         Don Idelfonso Encinas, a la sazón de 14 años, quien estaba listo para ser fusilado vio como cayeron los primeros vecinos (tres chinos); luego, a Pedro Peñúñuri, Ángel Núñez Figueroa; a su padre, Fermín Encinas; a Refugio Noriega, quien trató de escapar pero fue alcanzado por las balas a unos metros de distancia; a Florencio y David Calles; a otros jóvenes de 16 años....

         Aurelio Mendoza Moreno, de 14 años de edad, recordó siempre cómo Lázaro Encinas le gritó a Villa que él había luchado con sus tropas en Chihuahua, pero que al enfermar su madre se había venido a San Pedro y para su fortuna, le dejó salir del grupo, demás de pedirle que sacara a todos sus parientes y para no ser descubierto en su piadosa mentira, sacó a su hermano Gabriel. (Luego le acompañarían hasta Soyopa, donde lograron fugarse).

         Los fusilamientos eran de cuatro en cuatro y otros de siete en siete, a un costado del templo. Los de menor edad, se escondían entre el grupo “haciéndose para atrás” en medio del llanto y las súplicas de sus familiares que no se escondieron o alejaron por allá entre las milpas.

         Al principio el pelotón fusilaba a jóvenes y viejos, pero luego hubo una contraorden de Villa, haciéndose a un lado a los primeros. Quienes pagaban cien pesos, eran liberados.

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 Tumbas de los mártires de la injusticia villista
 

          Cabe advertir que entre los que se pararon frente al pelotón de fusilamiento, hubo quienes se levantaron con vida: Eusebio Rodríguez, con todo y recibir ocho balazos; Juan “Huachinera” Castillo (sin ninguna herida a pesar de que le dispararon “el tiro de gracia”); Francisco Flores, Carmen Moreno, Francisco Romero, Ventura Mendoza y Maximiliano Moreno.

El padre Andrés Avelino

         El presbítero del pueblo, Andrés Avelino Flores, nativo de Nuri e hijo del sobreviviente Francisco Flores, y a quien consideraban un santo por sus penitencias y amor a los pobres, las mujeres lo tenían escondido hasta que decidió salir y enfrentarse a Villa para suplicarle que terminara con la matanza y que a cambio, él entregaría su sangre.

         Se le arrodilló para bendecirlo y creyendo Villa que recibía una burla, le descargó su pistola.

         Al presenciar esto, Manuel Bracamontes, uno de sus generales, le apuntó con su escuadra exigiéndole que terminara con los fusilamientos porque ya era suficiente y parecía que ambos se dispararían entre sí.

         Villa sorprendido por la afrenta, aceptó no sin antes ordenar que se quemase el pueblo mientras se llevaba con rumbo a Suaqui a adolescentes de 11 a 14 años de edad.

         Bracamontes, quien era conocido en la región, simuló acatar la orden, quemando algunos caseríos y pastizales para que levantaran gran humareda y cuando alcanzó en el camino a Villa, dejó huir a Idelfonso Encinas y su hermano Pablo, quienes iban arreando vacas.

         Villa, dejaba atrás una estela de muerte y dolor.

         Fueron 73 los caídos a quienes se les sepultó en una fosa común. 60 viudas y un luto y llanto envolvió a San Pedro durante muchos años.

         Desde 1963, en la plaza principal del pueblo, frente al templo, se levantó un Hemiciclo, que guarda su memoria y cada 2 de diciembre de todos los años, el pueblo les ofrece misa en póstumo recuerdo.

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 Homenaje a los inmolados por Villa en 1915
 

 VÍCTIMAS DE LA TRAGEDIA

Andrés Avelino Flores

Gonzalo E. Noriega

Demetrio E. Noriega

Donacio E. Núñez

Esteban R. Córdova

Nicasio Noriega

Mauricio P. Noriega

Cruz A. Noriega

Anastasio P. Noriega

Jesús María Noriega

Abelardo N. Noriega

Jesús R. Noriega

Avenicio N. Noriega

Tomás E. Noriega

Jesús P. Noriega

Jesús O. Noriega

Eduwiges D. Noriega

Pascual N. Noriega

Miguel Calles

Florencio Calles E.

Florencio Calles N.

José N. Calles

David E. Calles

Miguel E. Calles

Agapito Silvas

José F. Silvas

Pedro E. Peñuñuri

Eduardo F. Silvas

Pablo R. Encinas

José G. Encinas

Francisco R. Encinas

Refugio E. Encinas

Manuel  Soto

Brasilio Romero

Alejandro Posada

Carmen Carrillo

Eleazar Rojas

Angel N. Duarte

Joaquin Castillo

José María Noriega

Esteban E. Córdova

Heriberto Encinas

Fermin H. Encinas

Eleuterio Vásquez

Juan E. Vásquez

Gregorio E. Vásquez

Guadalupe E. Básaca

Juan E. Básaca

Francisco C. Rivera

Francisco C. Rivera(hijo)

Andres N. Núñez

Rómulo F. Moreno

Florencio M. Núñez

Cruz Moreno

Carmen Moreno

Conrado P.Monge

Higinio Moreno

Francisco P. Molina

Mariano C. Noriega

Refugio C. Noriega

Prizco Espinoza

José María Silva

Pedro Gracia

Marcial Rodríguez

José Juan S. Rodríguez

Maximiliano R. Ahuesta

Vicente Romero

Inocente Ochoa

Francisco Ochoa

Francisco S. Andrade

Abelardo N. Quijada

Francisco N. Ibarra

Francisco E. Básaca

y seis ciudadanos chinos y cinco fuereños.

 

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